Los dos destinos de interior más visitados de Costa Rica, y la forma realista de combinarlos con la costa.
Casi todo el mundo quiere conocer Arenal y Monteverde. Mucha menos gente planea bien la ruta, y termina pasando las vacaciones dentro de un carro. Así encajan los dos.
Arenal es el volcán costarricense clásico: un cono casi perfecto sobre un lago, con puentes colgantes, cataratas y aguas termales alrededor. Es el más accesible de los dos: el pueblo de La Fortuna tiene bastantes hoteles y restaurantes, y las actividades son fáciles de coordinar.
Monteverde es el bosque nuboso: más fresco, más neblinoso y mucho más tranquilo. Es otro tipo de lugar, denso, goteante, vivo, y sus puentes colgantes y caminatas nocturnas son los mejores del país para ver fauna. También está más alto, así que lleve una prenda abrigada.
Más cerca de lo que parecen en el mapa, y más lejos de lo que se sienten. La ruta directa entre ambos es una mezcla de asfalto y camino en mal estado, y el trayecto toma unas tres a cuatro horas según las condiciones. Hacerlo en su propio carro alquilado, al final de un día largo, es donde muchas vacaciones se tuercen.
La ruta que funciona, y la que más manejamos: dos noches en Arenal, dos noches en Monteverde y luego bajar a la costa de Guanacaste para el resto del viaje. Eso le da un día completo en cada lugar, evita dos trayectos largos seguidos y termina en un sitio donde puede dejar de moverse.
Si solo tiene una semana, sigue siendo cómodo. Si tiene cinco días, escoja uno de los dos en vez de apurar ambos: lo va a disfrutar muchísimo más.
Desde Guanacaste, Arenal es un día largo pero posible: va a pasar buena parte de él en el vehículo. Monteverde como excursión de un día no vale la pena: para cuando llega, lo mejor del bosque ya quedó atrás. Ambos merecen una noche.
Los puentes colgantes son la caminata insignia: una serie de puentes suspendidos por la copa de los árboles, con posibilidad real de ver perezosos, tucanes y monos congo. La catarata de La Fortuna es una escalinata empinada que baja a una poza muy fotogénica. Y las aguas termales son el plan de la noche: varias están construidas dentro del sistema de ríos bajo el volcán, y las buenas se sienten como bañarse en la selva más que en un spa.
Las reservas de bosque nuboso son el punto, y aquí una caminata guiada vale la pena más que casi en cualquier otro lado: la fauna es densa pero está excepcionalmente bien escondida. La caminata nocturna es la que la gente recuerda: el bosque es un animal completamente distinto después del anochecer. Las tirolesas y los puentes colgantes de acá pasan entre nubes en vez de selva, algo extraño y hermoso.
Monteverde es fresco y a menudo húmedo sin importar la estación: eso es lo que es un bosque nuboso. Arenal es más cálido y más verde en los meses lluviosos, cuando las cataratas están más impresionantes pero el volcán tiene más probabilidad de estar escondido entre nubes. A ninguno lo arruina la lluvia, y ambos están más concurridos de diciembre a abril.
Este es el caso clásico para un viaje privado de varios días: un chofer-guía, un vehículo, una ruta planeada para que los días de manejo sean sensatos, y otra persona lidiando con las carreteras. Usted pasa el tiempo en los lugares en vez de en llegar a ellos.
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